6 may. 2011

Sexo desdentado

Mi relación con las mujeres nunca ha sido fácil, en la escuela ninguna niña me trataba, ni siquiera las feas y cuando me hice adolescente todas se burlaban de mi cara brotada de acné. Es que yo no tenía rostro, lo mío era  la más violenta irrupción de pus y espinillas que adolescente alguno pueda soportar. La única vez que me integraron en el clásico juego del amigo secreto fue durante el bachillerato. Como regalo obtuve una lija 600 (con una nota que decía: "para que te lijes la cara", al lado de la nota reposaba una carita feliz); un álbum con imágenes de mujeres contrahechas, fenómenos de circo; la película Freaks, con un papelito que decía: "debiste asistir al casting"; y por último lo mejor: un video pornográfico de dos viejas cogiendo con un hombre joven. 
A pesar de la broma tan pesada, no dudé en ir a la fiesta de despedida escolar. Mi padre, que siempre ha estado atento a los pasos de mi vida, se encargó de grabar la fiesta completa, para luego reunir a la familia y mostrar cómo rechazaron a su hijo durante todo el baile. A mi madre le gustó tanto el video que lo vio en repetidas oportunidades. 
Ya yo estaba grande y no había tenido sexo más que con los habituales animales y muñecas de plástico que robaba a las niñas. Sí, me metía en las habitaciones de los vecinos para hacerme de las muñecas de plástico duro, con rostros de bebés. No me juzguen, para ese entonces  no existían las modernas muñecas inflables.  Y éstas, cuando las pude tener, me causaban alergia en el pene, razón por la cual el médico me recomendó tenerlas sólo como amigas. Y así lo he hecho desde entonces. Pero mis compañeros de clases, sin proponérselo, me dieron una pista: las viejas. Y así fue como empecé a visitar viejitas solitarias que se cachondeaban con mi juventud sin importarles mi rostro abarrotado de granos purulentos.
En principio fueron vecinas ancianas que llevaban más de un cuarto de siglo (mínimo) sin que les chuparan su entrepierna. Luego, decidí ir a mayor escala, me convertí en asistente voluntario del geriátrico de mi localidad. No hay nada más placentero que una mamada sin dientes, se los garantizo.

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